q (de querer y otras cosas buenas)

Duerme Naoko en el sofá, hecha un ovillo caliente y húmedo. Una leve pátina de sudor lustra sus miembros, y allá donde la mano de Charlotte descansa, abarcando su grupa, la marca de una antigua herida de guerra atrae mi mirada casi tanto como la media sonrisa de su boca dormida.
-A veces creo que no es de este mundo - digo.
Charlotte clava su palma a la carne blanca y nota el calor de Naoko en la piel. Sonríe y me mira, y a mí se me acelera el corazón al saberlas tan próximas la una a la otra, desnudas ambas bajo el sol tenue que se filtra por las persianas a medio bajar.
-Qué cosas dices, Teo - comenta ella a medio camino entre lo maternal y lo risueño.
-Y tú tampoco lo eres - insisto yo.
Charlotte me busca los ojos, aspira el aire caliente que satura las paredes de la habitación, y con un gesto breve me anima a que llene el hueco que aún queda en el viejo sofá de franela.
-No quiero molestarla - titubeo.
Charlotte acaricia la frente de Naoko, que revuelve el cuerpo y exhibe el sexo abierto ante mis ojos. Noto el rubor en la mejilla, se me vuelven temblonas las rodillas, y antes de que Charlotte ría abiertamente y me llame niño chico como suele hacerlo algunas veces, decido armarme de valor y sentarme junto a ella.
-Así está mejor, Teo, mi Teo dulce y bueno. - mira a Naoko y luego vuelve sus ojos grandes hacia mí - Así que no somos de este mundo, ¿eh? - comenta, tanteando mi carne trémula sin dejar de acariciar la frente de Naoko con la otra mano.
-A veces no. Ahora no. Quizás cuando estás con Enrique lo eres un poco, pero cuando estás con ella - y me tiembla la voz cuando lo digo - eres diferente.
Charlotte sonríe y mira enternecida al animalillo japonés que descansa sobre sus piernas. Naoko respira fuerte, y al compás de su pecho pequeño se mueven también nuestros corazones.
-¿Sabes, Teo? - dice al fin, ya sin sonreír pero guardando dentro de las pupilas cierto calor que huye de lo maternal que me reserva otras veces - Eres tú quien me hace diferente, el que nos hace a todos diferentes cuando estás con nosotros. Eres tú, en realidad, quien es de otro mundo.