Crujen las maderas bajo tus pies. El desnudo a medias, los muslos, la sangre que muerde, que aprieta la carne entre sus dedos sucios. Esa sangre que colorea tus mejillas, que sonríe desde tus dientes de plomo, tus dientes de soldadito valiente. La misma que bombea lo que llevo dentro, el pájaro o el miedo, lo que sea que me habita, lo que sea que me mueve cada día. Esa sangre, la tuya.

-No para - dices.
El dolor en tus ojos. Opaco, a trasluz. El dolor que se respira, que tiembla en tus labios, que lloriquea cuando te aprietas el vientre. Y la sangre, una y otra vez, como el fantasma de la ruina, como la prueba de que la muerte nos pisa los talones.
-Creo que tendríamos que llamar a Cleo. Ella sabría qué hacer - digo en voz alta, esa voz fuerte que te calma, que esconde el terror que me encoje los músculos.
Pero no te das cuenta. No hoy. No ahora que sangras y duele y no sabes por qué. No ahora que eres una niña, esa chiquilla, con todos los huesos al aire, con el pasado a cuestas y el miedo de quien nunca fue capaz de hacerse mayor. No ahora, al menos, no hasta que Cleo haya limpiado los restos de este nuevo naufragio.
-No sé, Bird. No sé. No me gusta ella, me abruma. Parece saberlo todo de la vida. Y a mí eso me asusta, me siento pequeña, ínfima, como un pájaro en medio de la carretera - balbuceas, con los ojos muy abiertos.
No sabes llorar. Nunca has sabido. Hipas, te retuerces, asoma la lagrimita en tus ojos. Y ahí te quedas, a medias, como la sopa que tan mal se me da, como todo lo que hacemos siempre. Quizás por eso, quizás porque somos así, este par de dos, así de desastre. Quizás.
-Vamos, Coco. Ella sabrá qué hacer. Ya lo verás. Sabrá qué hacer y te quitará el dolor y la sangre, y lo limpiará todo y hará algo bueno de cenar. Porque no has comido nada, nada desde hace mucho, desde ya ni lo recuerdo. Vamos, Coco, hazlo por mí. Por el viejo Bird, aprieta los dientes y deja que ella se ocupe de todo - te pido.
Tú callas. Yo aferro el colchón y siento lo áspero de su piel entre los dedos. Parpadeas un poco y entonces asientes.
-Que venga Cleo - dices - Que venga y salve lo que nosotros nunca seremos capaces de salvar. Que te salve a ti, que te lleve lejos y te saque lo que yo te he metido dentro. Que nos separe, Bird, porque si no lo hace al final acabaremos los dos muertos.