Nunca fuiste tan francesa como en aquel viaje en la caravana azul. No solo eran los sombreros que te emperraste en llevar en tu maleta vieja, sino el aire que tenías, la forma de moverte, de sonreír. Te bauticé Blanche (pronunciando todas las letras, a mi manera) precisamente por eso. Y es que siempre me llamó la atención que, siendo francesa, te llamaras Blanca. Quizás tuvimos que vivir aquel viaje para que alguien te llamara Blanche. Quizás tuvimos que querernos como se quiere la gente joven dispuesta a comerse el mundo para darnos cuenta de que tú eras Blanche, pronunciando todas las letras, y yo Martina y no Mar, como me llamaba la gente por aquel entonces. Mar no es un nombre para una chica con el pelo hasta las caderas, me dijiste, cuando me presenté. Y yo creo que en ese momento te empecé a querer, con tu boina ladeada y el vestido de flores que llevabas la primera vez que te desnudé.
¿Y tú, Blanche? ¿Cuándo empezaste tú a quererme? ¿Cuándo se dio cuenta la chica que coleccionaba chicos como quien colecciona chapas que quería a la chica de pelo largo que le robaba las camisetas y se las ponía sin sujetador?
Cómo te gustaba que hiciera eso, ¿te acuerdas? En aquel viaje, con Ana, Jaime y los demás, me puse un montón de veces tus camisetas. Luego te las ponías tú y decías que olías a mí, y a mí me gustaba que lo dijeras y se me notaba un poco en la cara. Me acuerdo que Julia me interrogó un día, y al final me sacó que estaba coladita por ti. ¡Como para no estarlo! Me dijo. Como para no estarlo, con esa forma que tenías de vivir cada día como si fuera el último. Estabas hecha para que se enamoraran de ti, chica francesa. Y yo, yo estaba hecha para que tú me quisieras toda la vida.
¿Tú no sabes que las cosas que se hacen porque sí son las mejores del mundo?
-¡Caaaaaaaaat! ¡Ven, corre, mira lo que hay en el jardín!
Cat refunfuñó y se tapó la cabeza con las mantas.
-¡Caaaaaaat! ¡No sabes lo que te estás perdiendo! - canturreó Anouk.
Asomó la nariz y miró el despertador. Todavía no eran las ocho.
-Espero que valga la pena... - gruñó.
Saltó de la cama y se frotó los ojos. Buscó debajo de la cama sus botas de agua pero no las encontró. Debía tenerlas puestas Anouk. Descalza, abrió el armario y sacó la trenca. Se la puso encima del pijama y salió al jardín.
-¿Y bien? - preguntó.
Miau se acercó a ella y se le enredó en las piernas. Anouk se rió y dió un salto hacia un lado.
-¡Tachán! - gritó.
Detrás de ella había un avioncito de madera. Dentro estaba Elefantito, que sonreía con su boca cosida.
-¡Alaaaaaa! ¿Lo has hecho tú? - preguntó, caminando descalza por la hierba.
Anouk negó, arrugando la nariz. Cat se rió y le dio un manotazo. Siempre que Anouk ponía esa cara era que tramaba algo.
-Ha sido Elefantito.
-Sí, ya, Elefantito - gruñó Cat, divertida.
-Sí. Me ha dicho que es para irnos a Laponia. No sé si entraremos, porque es algo enano pero... quién sabe, si es capaz de llegar a Laponia, seguro que consiguimos entrar los tres ahí - dijo, señalando al elefante de peluche.
Le había puesto unas gafas de aviador y parecía dispuesto a volar hasta el fin del mundo.
-¿Y por qué nos vamos a Laponia hoy? Si va a llover, y ni siquiera es domingo. Si me dijeras que es domingo, vale, es mi día favorito, pero un martes... - preguntó Cat.
Anouk puso los ojos en blanco y se agachó para acariciar el lomo de Miau, que ronroneaba a su lado.
-Pues porque sí. ¿Tú no sabes que las cosas que se hacen porque sí son las mejores del mundo?
..................................................................Hoy es el cumple del blog. Un añito ya, quién lo diría :)
Cat refunfuñó y se tapó la cabeza con las mantas.
-¡Caaaaaaat! ¡No sabes lo que te estás perdiendo! - canturreó Anouk.
Asomó la nariz y miró el despertador. Todavía no eran las ocho.
-Espero que valga la pena... - gruñó.
Saltó de la cama y se frotó los ojos. Buscó debajo de la cama sus botas de agua pero no las encontró. Debía tenerlas puestas Anouk. Descalza, abrió el armario y sacó la trenca. Se la puso encima del pijama y salió al jardín.
-¿Y bien? - preguntó.
Miau se acercó a ella y se le enredó en las piernas. Anouk se rió y dió un salto hacia un lado.
-¡Tachán! - gritó.
Detrás de ella había un avioncito de madera. Dentro estaba Elefantito, que sonreía con su boca cosida.
-¡Alaaaaaa! ¿Lo has hecho tú? - preguntó, caminando descalza por la hierba.
Anouk negó, arrugando la nariz. Cat se rió y le dio un manotazo. Siempre que Anouk ponía esa cara era que tramaba algo.
-Ha sido Elefantito.
-Sí, ya, Elefantito - gruñó Cat, divertida.
-Sí. Me ha dicho que es para irnos a Laponia. No sé si entraremos, porque es algo enano pero... quién sabe, si es capaz de llegar a Laponia, seguro que consiguimos entrar los tres ahí - dijo, señalando al elefante de peluche.
Le había puesto unas gafas de aviador y parecía dispuesto a volar hasta el fin del mundo.
-¿Y por qué nos vamos a Laponia hoy? Si va a llover, y ni siquiera es domingo. Si me dijeras que es domingo, vale, es mi día favorito, pero un martes... - preguntó Cat.
Anouk puso los ojos en blanco y se agachó para acariciar el lomo de Miau, que ronroneaba a su lado.
-Pues porque sí. ¿Tú no sabes que las cosas que se hacen porque sí son las mejores del mundo?
..................................................................Hoy es el cumple del blog. Un añito ya, quién lo diría :)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)